martes, 31 de agosto de 2010

Libre, al fin

Que la libertad es propia del ser humano desde el mismo momento de su nacimiento es algo innegable. El conflicto surge cuando ciertos agentes externos pretenden atentar contra esa libertad para imponer sus intereses, ideas y políticas personales.

  La brecha entre la independencia y la dependencia suele ser minúscula, a tal punto de hacer sentir independiente a aquel que no lo es, pero insistentemente se jacta de serlo.
  
 Es que al buscar la libertad en el sistema que circunda a toda sociedad, se evidencia que la independencia es puramente relativa, por el sólo hecho de tratarnos de "sujetos" y no de "individuos". Sujetos al propio sistema, a la globalización imperante, al estilo de vida clásico impuesto por aquellos a quienes la sola mención de la palabra "cambio" parece aterrorizarles. Sujetos, siempre sujetos.

 Desde la propia acción de los medios de comunicación que en plena democracia deberían representar a flor de piel la libertad de expresión, pueden distinguirse las actitudes manipuladoras que se ejercen para imponer en la sociedad, no sólo los temas a discutir, sino la postura a tomar frente a dichos temas. Claro que olvidan que todavía hay personas fieles a su razonamiento propio y que no actúan como agentes funcionales de los grandes grupos de poder.

 Por estas razones, resulta imposible hallar la libertad en el mundo exterior, en ese mundo donde nunca faltan los personajes nefastos, por no decir los hijos de re mil puta ( frase que escribo con demasiado placer para referirme a ellos), cuya acción en la vida se basa en enjaular ideas que quieren volar, simplemente eso, volar.

 Es que hay que comprender que la libertad, al ser propia del ser humano, sólo podrá encontrarse en su interior. Y ahí sí, seguramente se seguirá siendo sujeto, pero sujeto a uno mismo, esclavo de las propias palabras, dueño de los propios silencios, defensor de las propias ideas y generador de los propios pensamientos.


 Ojalá fuera tan fácil hacer lo que se escribe. 

martes, 24 de agosto de 2010

La perfección de tu inexistencia

   Si leyera esto en otro lado pensaría que el autor está bastante loco. De hecho, creo que lo estoy pensando mientras lo escribo. Pero bueno, de un momento a otro se me ocurrió dedicarte algunas líneas, creo que te las debía, estoy seguro de que te las merecías.
  Vos, que siempre me estás esperando, con esos ojos vidriosos que reflejan la expresión de alegría imposible de disimular que se dibuja en mi rostro al verte. Vos, que al regalarme una simple sonrisa, no te das cuenta que en realidad estás poniendo el universo en mis manos. Vos, que me mirás desde el horizonte esperando que te alcance, tranquila mi amor, ya voy a llegar.
   Intentar agradecerte a través de palabras es como tratar de armar un rompecabezas incompleto, por más que intente de mil maneras, jamás voy a llegar a mi objetivo. ¿Cómo podría un simple papel hacerte entender lo que significa un amanecer junto a vos? ¿Cómo te digo que un beso tuyo hace desaparecer el mundo entero, y deja vivos solamente tu corazón y el mío? ¿Cómo explico que un segundo sin vos equivale a una vida entera, y la vida entera con vos se me pasa en un segundo?
   No quiero hacerte promesas en vano. No voy a decirte que sólo la muerte nos va a separar. No voy a decirte que no sería nadie sin vos. Ni pienso jurarte amor infinito a cualquier costo. Lo que sí puedo decirte es que la felicidad no es un estado eterno, sino un estado momentáneo, y lo único que puedo prometerte es que cada vez que estemos juntos, cada vez que nuestras almas estén unidas, esos momentos van a estar llenos de esa felicidad. Sean diez minutos o un siglo al lado tuyo, con lo único que me comprometo es con tu felicidad y claro, la mía, que surge del simple hecho de tenerte cerca.
   Que extraño es hablar con un ser invisible, pero a la vez, que hermoso es contemplar la perfección de tu inexistencia. ¿Qué sería de nosotros si fueras real? Las nubes envidiarían la altura de nuestro vuelo. Las estrellas se celarían por nuestro brillo. El Sol desearía tener nuestro resplandor día a día y la Luna se encargaría de iluminarnos sólo a nosotros por las noches.
  No te olvides que te estoy esperando. No te olvides que te estoy buscando y algo me dice que cada vez falta menos para encontrarte. No te olvides de mirarme, tus ojos son mi única guía de paz. Y no te olvides, que no soy solamente el conjunto de acciones que realizo cotidianamente, sino que también soy esto que estoy escribiendo, por favor, quereme.


Miedos

Hasta a la persona más valiente se le hace imposible negarlos. Y aunque el más cobarde pretenda ocultarlos para proteger su querida reputación, ellos siempre están para ponerle un freno a todo acto de “locura”, de cambio, de superación, de mirar al futuro con una visión destructora de todo tipo de esquemas establecidos. Debe ser por eso, que quienes pensamos en romper con esa cotidianidad enfermiza, nos encontramos en permanente enfrentamiento con ellos, ya que sea cual sea el fin, el primero de los medios es eliminar los miedos.

Es notable la presencia de estos miedos en todos los ámbitos de nuestra vida, hasta en los más incomprensibles, que analizados racionalmente no tendrían por qué existir. Pero están, y si se quiere seguir adelante, la única salida es enfrentándolos y nunca huyendo, porque siempre, siempre regresan de una forma u otra.



Miedo a progresar 

La sociedad, en su mayoría, se adjudica un pensamiento con vistas a un futuro mejor, sin pobreza, sin hambre, con trabajo, es decir pretende alcanzar el mundo perfecto que, lógicamente, todos alguna vez soñamos. El problema surge cuando en la cancha, donde se ven los pingos, las decisiones parecen no ser coherentes a la ideología progresista que parecía desbordar en estas personas. Ahí es cuando los dinosaurios increíblemente y (espero) inconcientemente vuelven a tener apoyo popular, al igual que aquellas empresas y grupos concentradores de poder, a quienes no les viene nada mal que la sociedad se estanque y no avance, manteniendo así la ignorancia generalizada que les garantiza la constancia de su amada hegemonía. Ante esta contradicción tan común en estos tiempos se me hace imposible no pensar que es elmiedo al cambio el que impulsa a estas personas a terminar logrando todo lo contrario a lo que pretenden; o será que expresan algo distinto a lo que piensa su subconsciente, y, de alguna manera se ponen el disfraz del Diego, pero a la hora de patear el penal lo hacen con la derecha y de esta manera seguramente el destino de la pelota estará en la tribuna.



Miedo al qué decir 

Cuántas veces callamos, haciendo una autocensura de lo que realmente sentimos en determinado momento o circunstancia. Cuántas veces nos ponemos a analizar qué hubiera pasado si le hacíamos caso a ese impulso que nos llevaría a liberar la sinceridad de nuestro pensamiento. Tal vez por ese miedo al qué dirán, o a las consecuencias de nuestros dichos es que decidimos encerrarlos, pensando que al ser palabras, tarde o temprano se las llevaría el viento, pero no. Lo que no se dice en ese determinado momento permanecerá ahí guardado y muy rara vez pueda volver a salir. Es decir, que a través del silencio encarcelamos no sólo las simples palabras, sino nuestros sentimientos, nuestras verdades. Es por eso que surge el planteo de si verdaderamente vale la pena pensar en qué pasará si hablo, en lugar de pensar enqué no pasará si callo.



Miedo a jugársela 

Son tan frecuentes esas decisiones complicadas en las que tenemos la posibilidad de elegir un cambio positivo. Son tantas las veces en las que aparecen los miedos en esas decisiones para complicar algo tan simple. Creo que son esas las situaciones en las que hay que dejar un poco a la cabeza de lado y hacerle caso al corazón, que seguramente tendrá algo más que decirnos que exceda todo tipo de lógica razonable. Así, con su ayuda, los miedos no podrán afectarnos nunca, y será mucho más fácil jugársela por algo… o alguien, entre otras cosas eliminando los prejuicios absurdos sobre el compromiso, la fidelidad y la confianza. Por supuesto, el tiempo dirá si ganamos o no en este juego, pero no hay que olvidarse que siempre, ante toda derrota, existe la revancha.



Miedo a estar mejor

En realidad surge de los miedos anteriores, pero tiene que ver con la incoherencia en la que a veces nos vemos envueltos. Es que es bastante increíble que se le tema a algo que tenga como objetivo hacernos volar aún más alto, pero es la realidad. En ocasiones, nos da terror encarar un cambio por ese maldito conformismo que implica elaceptar lo que tenemos como si fuera lo único y no ir por más, para no poner en riesgo lo seguro. Resulta de alguna manera extraño, pero es otro de los miedos que suelen hacer que nos vayamos al mazo para conservar la ventaja, teniendo la posibilidad de ganar la partida en una jugada.




La realidad es que los miedos van a aparecer constantemente a lo largo de nuestra vida, y está en nosotros enfrentarlos o achicarnos. Yo soy de los tantos que piensan que la vida es una sola, y por lo tanto no habría que hacerle mucho caso a los palos que nos pongan en la rueda, todas las decisiones dependen de nosotros, asumiendo la responsabilidad del posible fracaso, pero siempre con el mejor de los fines: mejorar nuestra realidad y así acercarse aunque sea un poquito más a lo que algunos llaman felicidad. Esa tan buscada felicidad a la que sólo podremos aproximarnos eliminando primero uno de los miedos más recurrentes, el miedo a la muerte.





“El enemigo peor, ese gran saboteador, siempre será uno mismo y ese miedo a estar mejor” Cjs 







Aguu

lunes, 23 de agosto de 2010

Caretas

¿Qué es una careta? Una careta es una mascara que se utiliza sobre el rostro, ocultando la identidad de quien la usa


¿Qué es ser careta? Está muy claro, tiene el mismo significado que la palabra. Ser careta es utilizar una máscara imaginaria, a través de la cual se aparenta ser algo que no se es. Es decir, es ocultar y renegar de nuestra esencia, nuestra verdadera identidad, nuestra personalidad, nuestra validez, hasta diría es entregar nuestra dignidad.


Entonces... ¿Por qué ser careta? No son pocas las veces en las que me pregunto qué necesidad tenemos de caretearla. Si cada uno puede ser respetado con su personalidad particular, y de hecho, de esta manera cada uno estará integrado al grupo mas afín respecto de su personalidad. Es por eso que la respuesta que encuentro, es que la careteada no surge como un método para igualarse con el resto, sino para superarlo, para intentar demostrar que se es mejor, que si el límite de los demás está cerca, el propio va a estar mucho más lejos. De esta manera, los caretas no sólo buscan únicamente integrarse a un grupo, sino resaltar, y ser los que lo lideren, sin darse cuenta que no sólo le mienten a su entorno, sino que al fin y al cabo se están mintiendo a ellos mismos.


¿Qué ganan los caretas?  Lo único que obtienen es estar rodeados de una falsedad constante, que los envuelve y desconozco hasta qué punto pueda llegar. Es obvio que se recibe lo que se da; y si lo único que se brinda es una imagen totalmente superficial llena de mentiras, no puede esperarse recibir algo mejor, aunque crean hipócritamente que es así.


¿Quiénes son caretas? Hasta cierto punto, todos somos caretas. ¿Quién no la caretea alguna vez? Me dijo un día cierta persona, y me hizo entender que no era el único que sentía que por dentro le pasaba una cosa, y por fuera aparentaba una totalmente distinta que por decirlo de alguna manera censuraba la realidad interna, que es la que vale. 


Claro que es distinto. Eso es lo que yo llamo la careteada necesaria, ya que a veces no resulta del todo agradable mostrar algo que por mas que exista, no queremos que se vea, y preferimos hacernos los giles, mirar para afuera en lugar de para adentro, lo cual no está del todo mal, porque mirando hacia fuera, viendo la calidad de amigos que se tienen y otras cosas gratificantes, es imposible no salir adelante, y eso es lo que importa: No es imprescindible mirar para adentro ni para afuera, lo único imprescindible es mirar para adelante, y saber que la bocha la tenemos nosotros, no hay que patearla afuera, hay que ir al frente cueste lo que cueste. 

Por supuesto están los otros tipos de caretas, los totalmente innecesarios, esos que jamás voy a entender. Lo que llegan al extremo de la mentira para aumentar su ego, y me juego la dos gambas que no lo logran pero ni ahí. Esos sí deberían realizar una mirada para dentro, y buscar su verdadera esencia, sus ideales, sus posturas, sus pensamientos y sentimientos. No se puede sustentar un estilo de vida en base a falsedades, es imposible. Lo único que se logra es alejarse de la verdad, y no existe nada peor que eso. 

Yo no creo que sea un ejemplo de NADA, pero hablo de lo que veo desde afuera, y desde la tranquilidad de saber, que puedo ser un boludo importantísimo que ni siquiera sabe por qué está escribiendo esto, pero que cada vez va a estar más cerca de la verdad. Y eso, a pesar de todo, es lo que me hace estar orgulloso, antes que todo, ser sincero conmigo mismo, la superficialidad viene aparte. 

No tengo la suerte de poder decir que nunca me puse una careta en el corazón, como cantan las pastillas, pero es una careta conciente, estando tranquilo conmigo mismo de que la esencia no la voy a perder nunca, y eso es lo que me hace ser Agustín Secreti, y eso es lo que me hace elegir a los verdaderos amigos que elegí, con los que tengo la certeza de que la falsedad no va a existir NUNCA. 

Así que me saco el sombrero ante la gente verdadera, que se muestra tal cual es y no necesita aparentar más que su realidad. Y me compadezco de los pobres caretas, que piensan que no les da su propia personalidad para llegar a ser alguien, y eligen vivir acercándose únicamente a la mentira. 




Aguu.-

Un blog ?

  No sé si es producto de la hora, del aburrimiento o de no tener con quién entablar una conversación coherente, de esas que están en peligro de extinción, por lo menos para mí. La cuestión es que entré a esto del blog, chamuyé un par de datos, hablé por celular con una galleguita simpaticona y acá estoy, dispuesto a escribir esas cosas que se me cruzan en esta cabeza bastante extraña.
 Por ahora me siento un boludo importante hablando con una computadora, pero supongo que es normal, que después de un tiempo este romance va a ir tomando otro color. Mientras tanto, sigo acá, tratando de explicarme por qué me habré hecho un blog, sabiendo que su único fin es robarme el cerebro.
 Por suerte soy una de esas personas que no le tienen terror al progreso y, aunque pueda fallar en este intento, el solo hecho de probar me hace avanzar.